jueves, 20 de mayo de 2010

linternas

Piso el acelerador y el Taunus GT perfora el túnel de Libertador. Cierro los ojos llenos de viento mientras me hago uno con la máquina y ambos vamos cada vez más rápido. La velocidad entona la brasa del cigarrillo que se desgrana de chispa anaranjada. De a ratos, fumo y el humo se mueve por el parabrisas. los autos de frente siempre me dieron intriga. Mirarlos. Imaginar quién los maneja y con quién, de qué hablan, por qué viajan juntos. Cuando era chico y con papá emprendíamos expediciones infinitas en rutas muertas, aunque fuese de noche, jamás me dormía. Me quedaba quieto mirando por la luneta la oscuridad que dejábamos, desde el asiento de atrás, los autos muy lejos y un puñado de luces, pueblitos que bendicen la energía eléctrica y el agua de pozo. Siempre me intrigó saber cómo sería estar en un bosque de madrugada. Sin linternas ni armas. Solo. Así. Expuesto. Como ahora en que fijo la mirada en el parabrisas del 29, busco los ojos de un chofer sin ojos, sin cara, que hace luces para que lo vea y yo ya lo ví, voy derecho a hundirme debajo del ómnibus Mercedes Benz, acelero y la aguja acaricia los 160, la curva endulza un envión desatado y piso la GT que casi se ahoga, el 29 toca bocina, veo a la gente ponerse de pie, lo encandilo con las luces largas, el 29 intenta frenar pero yo piso hasta el fondo y es el viento quien me besa por el aire.-
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(imagen extraída de aquí)

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